MADRID, 31 de agosto de 2026 — Sex Museum conmemora sus cuatro décadas ininterrumpidas de trinchera sonora con el lanzamiento de su nuevo single «We are not dead», carta de presentación de su próximo trabajo discográfico que sacudirá el circuito de directo en Madrid antes de iniciar su nueva gira estatal.
En Portada
- Sex Museum celebra 40 años de trayectoria ininterrumpida con el estreno del sencillo «We are not dead».
- El lanzamiento funciona como manifiesto contra la nostalgia y anticipa un nuevo álbum de estudio de la banda madrileña.
- El grupo reafirma su compromiso con el circuito independiente de salas frente a los macroeventos despersonalizados.
Cuatro décadas de resistencia sónica al margen de modas efímeras
Cumplir cuarenta años de actividad ininterrumpida dentro de los márgenes del rock independiente constituye una anomalía estadística en la industria musical española. Fundados a mediados de los años ochenta en el corazón de Malasaña, los hermanos Fernando y Miguel Pardo levantaron una trinchera sonora donde confluyeron el garage revival de los sesenta, la furia del hard rock setentero y la urgencia rítmica del protopunk. A lo largo de cuatro decenios, la formación ha esquivado las modas cíclicas sin renunciar a la autogestión ni suavizar un milímetro la aspereza de sus amplificadores.
Lejos de caer en la autocomplacencia o diseñar una gira de grandes éxitos empaquetada para el consumo nostálgico, la banda ha decidido responder a la efeméride con material inédito de alta combustión. «We are not dead» no opera como un simple recordatorio biográfico, sino como un grito de guerra frente a la resignación de una escena a menudo domesticada por algoritmos y producciones plastificadas.
«Cuarenta años después no queremos que nadie nos trate como una pieza de museo disecada ni como una atracción de feria para nostálgicos», explica el guitarrista Fernando Pardo. «‘We are not dead’ es un bofetón de presente. La música en vivo en locales sudorosos sigue siendo el único espacio donde las personas se miran a los ojos sin filtros digitales, y nosotros seguimos teniendo munición de sobra para quemar el escenario».
Anatomía de «We are not dead»: ráfagas de Hammond y distorsión sin domesticar
La nueva entrega de Sex Museum condensa en poco más de tres minutos las constantes vitales que han forjado su leyenda subterránea. El arranque prescinde de preámbulos: un riff cortante de fuzz guitarrero colisiona de inmediato con el rugido inconfundible del órgano Hammond operado por Marta Ruiz, pieza nuclear en la arquitectura melódica de la banda desde sus primeros compases discográficos. Sobre esa base humeante, la voz rota y descarada de Miguel Pardo escupe una lírica afilada que celebra la longevidad desde el combate y la supervivencia física.
La canción rehúye deliberadamente los estándares de pulido radiofónico actual. La mezcla privilegia el impacto de los bombos acústicos y la dinámica natural del grupo tocando en directo dentro de la sala de grabación. Cada compás transpira aire de local de ensayo, olor a válvulas calientes y ese pulso urgente que hermana al quinteto tanto con The Sonics o The Stooges como con el hard rock clásico de MC5 y Deep Purple.
El músculo rítmico y la producción analógica como seña de identidad
La consistencia de «We are not dead» se apoya en el engranaje indestructible que forman Roberto Lozano «Loza» a la batería y Javi Vacas al bajo, una de las bases rítmicas más solventes y arrolladoras del panorama peninsular. El tempo avanza sin concesiones, alternando pasajes de garage acelerado con quiebros de groove pesado donde el bajo saturado sostiene el peso mientras la guitarra solista dibuja espirales psicodélicas cargadas de acoples calculados.
«Seguimos cargando la furgoneta con la misma furia de 1985, pero acumulando cuatro décadas de carreteras secundarias en el lomo», subraya el vocalista Miguel Pardo. «Este corte resume con total exactitud lo que somos: una máquina de combustión que jamás ha aceptado rebajar el volumen para encajar en despachos ajenos».
El nuevo álbum en el horizonte y la liturgia del sudor en las salas
El estreno de «We are not dead» marca la apertura oficial de un nuevo ciclo creativo que desembocará en la publicación de un larga duración antes de que concluya la presente temporada. Este futuro álbum tomará el relevo discográfico de hitos previos de la banda como Musseexum o su recordado disco de versiones, ratificando su capacidad para reinventarse sin traicionar las raíces del fuzz ibérico.
Fieles a su reputación, la presentación del repertorio devolverá a Sex Museum a su hábitat natural: el circuito de salas como la mítica Sala El Sol en la capital o templos de resistencia como Gruta 7, espacios donde el público experimenta la vibración física de los altavoces a escasos centímetros de los músicos. La banda también alternará estas citas íntimas con apariciones en citas destacadas del calendario como el BBK Bilbao Music Legends Fest, escenario propicio para demostrar su vigencia ante audiencias intergeneracionales.
El regreso discográfico de Sex Museum certifica que la veteranía en el rock no tiene por qué equivaler al acomodo burgués. Cuando una formación decide titular su cuadragésimo aniversario bajo la consigna de que aún no están muertos, no se trata de una metáfora vacía: es una advertencia sonora para cualquiera que se atreva a ponerse frente a sus bafles.