MADRID, 29 de agosto de 2026 — Alabama Shakes consuma su esperado retorno discográfico con la publicación de I Must Be Dreaming, su tercer álbum de estudio y primera entrega en once años tras la conquista crítica de Sound & Color (2015). Gestado a partir de un directo benéfico imprevisto en un local de Tuscaloosa a finales de 2024, el combo fundado en Athens se reestructura formalmente como trío tras la salida definitiva de su baterista original, Steve Johnson. Respaldados por una instrumentación hipnótica, Brittany Howard, Heath Fogg y Zac Cockrell firman una de las mutaciones artísticas más determinantes de la temporada.
En Portada
- El trío estadounidense reactiva su discografía tras más de una década sin publicar material inédito conjunto.
- La producción evoluciona del rhythm and blues de garaje hacia el soul psicodélico y la experimentación analógica británica.
- El lanzamiento alimenta la previsión de una gira europea con paradas en salas y citas de gran formato durante el próximo curso.
El renacimiento en Tuscaloosa: de la reunión casual al estudio
La gestación de I Must Be Dreaming escapa a los calendarios habituales de la industria editorial. A finales de 2024, una modesta cervecería artesanal de Tuscaloosa acogió a Brittany Howard, Heath Fogg y Zac Cockrell para respaldar una causa comunitaria local. Aquella toma de contacto sin amplificación masiva ni cámaras encendió una chispa latente desde la interrupción indefinida del grupo en 2018. Lo que arrancó como un reencuentro nostálgico entre tres amigos de instituto derivó en semanas de improvisación continua en el estudio personal de la banda en Nashville.
«No teníamos intención previa de registrar otro elepé cuando nos subimos a esa tarima en Tuscaloosa; el impulso inicial fue tocar sin la presión corporativa acumulada, pero la comunión instrumental como trío desató una compuerta compositiva que nos obligó a quedarnos frente a la consola», explicó Brittany Howard al evaluar la génesis de las sesiones. La vocalista, que consolidó una elogiada trayectoria individual con los discos Jaime (2019) y What Now (2024), vuelca aquí una madurez vocal marcada por registros más graves, inflexiones de falsete templado y un dominio armónico despojado de estridencias.
Adiós al garage sureño: inmersión en la psicodelia y el rock británico
Cuando Alabama Shakes sacudió la escena global con Boys & Girls (2012), su armazón descansaba sobre guitarras crudas, un southern rock incendiario y la pegada inmediata de himnos como «Hold On». Cuatro años después, Sound & Color amplió ese horizonte incorporando vibráfono, pasajes cinemáticos y atmósferas vanguardistas que les valieron cuatro premios Grammy. Con I Must Be Dreaming, la metamorfosis abraza de lleno una cadencia lisérgica donde dialogan el rhythm and blues de Stax con las exploraciones en cinta de la psicodelia londinense de 1967 y 1968.
La renuncia al compás percusivo convencional dota a los diez cortes del álbum de una tridimensionalidad nocturna. Las líneas de bajo de Zac Cockrell flotan en primer plano cargadas de reverberación y compás sincopado, mientras los arreglos de guitarra de Heath Fogg reemplazan el ataque percusivo por texturas etéreas, modulación en trémolo y pedales de cinta analógica espacial.
«Al reconfigurar la sección rítmica tras la marcha de Steve y recurrir a cajas de ritmos primitivas entrelazadas con percusiones orgánicas, descubrimos una latitud sonora inédita que mira directamente al rock británico de finales de los sesenta», matizó Heath Fogg sobre las decisiones de ingeniería sonora que presiden cortes angulares de la obra.
Lírica de emancipación, duelo colectivo y madurez
En el plano discursivo, I Must Be Dreaming esquiva las fórmulas narrativas del desamor juvenil para profundizar en los dilemas de la reconstrucción personal tras periodos prolongados de aislamiento. La pluma de Howard examina el vértigo de envejecer bajo la mirada pública, la búsqueda de paz espiritual y el coste emocional de preservar la integridad creativa. La interpretación vocal prescinde de los desgarros continuos que popularizaron sus primeros años, adoptando una dicción reflexiva, casi conversacional, que acentúa la intensidad de cada pasaje melódico.
Canciones nucleares del registro combinan sintetizadores polifónicos analógicos, órganos Hammond saturados y capas corales donde la propia Howard multiplica sus armonías, evocando tanto la espiritualidad del gospel secularizado como los experimentos de Shuggie Otis o The Rotary Connection. El resultado preserva el pulso orgánico de una banda tocando en una misma sala, pero desprovista de las ataduras de etiqueta que la encasillaron en el renacimiento retro de la década pasada.
Un curso dorado para el rock de autor y los retornos históricos
La reaparición de Alabama Shakes coincide con una semana especialmente fértil para el circuito alternativo internacional. El mercado recibe simultáneamente los nuevos compases de Interpol con This Mirror Weighs a Ton, la contundencia de Dinosaur Jr. en There Near, el debut experimental de Mike D al frente de 5D con Thank You o las exploraciones de Jim James en su faceta solista. Frente a la saturación de sencillos dispersos de consumo efímero, estos referentes revalidan el valor de la obra completa de larga duración como testimonio histórico.
Para los melómanos de la península ibérica, la salida al mercado de I Must Be Dreaming reactiva de inmediato las quinielas de contratación en directo. Tras una década prolongada de ausencia, promotores y recintos de referencia como La Riviera en Madrid o los grandes carteles estivales como Mad Cool Festival sitúan al renovado trío de Alabama en el centro de las negociaciones de cara a la temporada escénica de 2027.