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Fallece Delfín Amaya a los 74 años, leyenda imprescindible y pionero de la rumba catalana

El guitarrista y compositor Delfín Amaya, mitad del mítico dúo Los Amaya y coautor de himnos imperecederos como 'Vete' y 'Caramelos', fallece en Barcelona dejando un legado dorado en la historia de la rumba flamenca.

Fallece Delfín Amaya a los 74 años, leyenda imprescindible y pionero de la rumba catalana
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BARCELONA, 21 de agosto de 2026 — El panorama de la música popular y el flamenco español despide con profundo dolor a una de sus figuras más queridas y revolucionarias. El guitarrista, cantante y compositor Delfín Amaya, fundador junto a su hermano José del legendario dúo Los Amaya, ha fallecido en Barcelona a los 74 años de edad, según confirmaron fuentes familiares y del sector discográfico tras celebrarse las exequias en el Tanatorio Sancho de Ávila de la Ciudad Condal.

En Portada

  • Delfín Amaya (nacido en Oviedo en 1952) formó junto a su hermano José uno de los pilares dorados de la rumba catalana y la fusión flamenca.
  • Coautor e intérprete de éxitos universales como «Caramelos» (1971) y el himno sentimental «Vete» (1977), grabado bajo la producción de Tony Ronald.
  • Protagonizó hitos históricos como la actuación en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 junto a Peret y Los Manolos.

La revolución eléctrica de la rumba en los años setenta

Sobrinos de la bailaora universal Carmen Amaya, los hermanos José y Delfín Amaya crecieron en un entorno empapado de arte jondo, compás gitano y virtuosismo flamenco. Afincados en el barrio de Hostafrancs en Barcelona, el dúo comenzó a despuntar a finales de la década de los sesenta en las salas y tablaos de la capital catalana, aportando una desinhibida frescura juvenil al compás de rumba que por entonces lideraban figuras consagradas como Peret o El Pescaílla.

Su irrupción discográfica definitiva tuvo lugar en 1971 con el sencillo «Caramelos», una pieza de ritmo trepidante y estribillo contagioso que los situó de inmediato en las listas de ventas nacionales y en las emisoras de radio de toda España. Sin embargo, su aportación más trascendental a la historia de la música contemporánea radicó en su atrevimiento vanguardista: Los Amaya fueron pioneros en incorporar la guitarra eléctrica, teclados psicodélicos, secciones de metales funk y distorsión al ventilador tradicional de la rumba de madera.

«En aquella época nos miraban como bichos raros los puristas porque queríamos que la rumba sonara con la potencia del rock y la pegada del soul americano; nosotros solo queríamos que la gente sintiera el ritmo en el pecho», recordaba el propio Delfín Amaya en una de sus últimas entrevistas retrospectivas sobre la gestación de aquel sonido único.

«Vete», la cima de la balada rumbera con Tony Ronald y Josep Llobell

A mediados de los setenta, la alianza artística de Los Amaya con el productor y arreglista holandés afincado en España Tony Ronald y el virtuoso orquestador Josep Llobell dio como fruto una de las cimas indiscutibles del pop en español: el single «Vete» (1977). Con una introducción orquestal cinematográfica, guitarras wah-wah, un bajo profundo y la voz desgarrada y emotiva de los hermanos Amaya, la canción se convirtió en un fenómeno social absoluto, alcanzando el número uno en ventas y despachando cientos de miles de copias en España y Latinoamérica.

A este éxito le siguieron composiciones memorables como «Amor, amor», «La inyección», «¡Qué mala suerte la mía!», «Zapatero» o «Decirle a ella que vuelva», consolidando un repertorio que fusionaba con maestría la tradición calé con los arreglos cosmopolitas de la música disco y el pop orquestal de finales de los setenta y principios de los ochenta.

El hito olímpico de Barcelona 92 y su inmortalidad cultural

Uno de los instantes más luminosos en la trayectoria de Delfín Amaya tuvo lugar el 9 de agosto de 1992 sobre el césped del Estadio Olímpico de Montjuïc. Durante la apoteósica ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Los Amaya compartieron escenario con Peret, Los Manolos y Chipén ante una audiencia televisiva de miles de millones de espectadores en todo el mundo, consagrando la rumba catalana como patrimonio cultural universal y fiesta colectiva inigualable, un momento decisivo en la historia musical de Barcelona.

A lo largo de las décadas posteriores, el dúo recibió incontables tributos de nuevas generaciones de artistas de la escena independiente, el rock y el flamenco contemporáneo que han reivindicado la modernidad y el calado de sus arreglos, como se aprecia en la evolución del flamenco y la rumba en los festivales y grandes recintos de conciertos en Madrid y toda España.

Con la partida de Delfín Amaya a los 74 años, la música pierde a un artesano del compás, a un guitarrista de toque certero y a un creador cuya sensibilidad popular supo derribar barreras estilísticas para convertir la alegría y el desamor rumbero en memoria viva de nuestro patrimonio musical.

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