Carlos Alberto Solari, conocido mundialmente como el Indio Solari, pasó su infancia y adolescencia en La Plata, ciudad que marcó el inicio de su trayectoria artística y musical. Aunque nació en Paraná, Entre Ríos, el 17 de enero de 1949, su familia se trasladó a La Plata cuando él era un niño, debido al trabajo de su padre como empleado del correo. Allí, en un departamento ubicado en 41 entre 7 y 8, comenzó a forjarse la leyenda que más tarde revolucionaría el rock argentino.
La infancia en las calles de La Plata
Solari creció en un entorno donde las calles eran el escenario principal de su vida cotidiana. En su libro Recuerdos que mienten un poco, escrito en colaboración con el periodista Marcelo Figueras, el artista evoca con nostalgia y crudeza aquellos años. Describió a La Plata como una ciudad única, con un aire de aristocracia que, según él, no existía en el resto de Argentina. «Los PH de La Plata no son como los de Buenos Aires, son un poco más prolijos, más delicados», recordaba.
Su infancia transcurrió entre juegos callejeros, batallas con escopetas de aire comprimido y travesuras con amigos del barrio. Uno de los lugares más mencionados en sus recuerdos es la zona cercana a Plaza Olazábal, donde vivió experiencias que lo marcaron. También evocó anécdotas como las peleas con chicos de otros barrios, el juego con tapitas de gaseosa en las vías del tranvía e incluso un accidente en el que fue atropellado por un taxi en plena calle 41, un episodio que casi termina en tragedia.
La formación educativa y artística
Solari comenzó su educación primaria en la Escuela Nº 33, ubicada en 8 y 38, donde ya demostraba su personalidad rebelde y su pasión por el dibujo. «Yo empecé a ser mal alumno muy temprano», confesó. Aunque su rendimiento académico no era destacable, su habilidad para el arte sí lo era. Una de sus profesoras lo aprobaba sistemáticamente gracias a sus dibujos, que incluían frisos romanos y otras creaciones que llamaban la atención.
Su paso por la educación secundaria fue aún más turbulento. Asistió a varios colegios, como el Industrial Albert Thomas y el Normal 3, pero su falta de interés por las materias tradicionales lo llevó a abandonar los estudios. «Me falta matemáticas», bromeó décadas después. Sin embargo, fue en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata donde Solari encontró un espacio que resonaba con su espíritu creativo. Aunque no terminó la carrera, su paso por esta institución lo expuso a un ambiente de vanguardia, donde el arte, la música y las ideas políticas se entrelazaban.
El caldo de cultivo del rock platense
La Plata de los años 60 y 70 era un hervidero cultural. La ciudad, con su fuerte presencia universitaria, se convirtió en un polo de innovación artística y musical. En este contexto, Solari comenzó a vincularse con otros jóvenes que compartían su visión del mundo. Uno de los hitos más importantes de esta etapa fue su acercamiento a la escena musical platense, donde conoció a figuras clave como los hermanos Guillermo y Eduardo