CAMARÓN DE LA ISLA. JARTURA DE MESÍAS

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10/09/2008. Iñigo Bujedo. Camarón de la Isla. Murcia
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«YO QUIERO QUE ME DEJÉIS UN POQUITO A MI AIRE, EH, Y YO VOY A DAR LO MEJOR Y LO QUE PUEDA DAR, O SEA, PARA ESO ESTOY AQUÍ, EH. PERO NO SEGUIDME«. Camarón de la Isla, 1990, al inicio de su concierto en el Auditorio Municipal de Cieza.

Rebuscaba por YouTube los posibles vídeos que pudiesen haber del «histórico» concierto del faraón rubio del flamenco, Camarón de la Isla, en Cieza. Y los había, vaya si los había. Porque sí, el Camarón, acompañado por Tomatito, dio un recital, tremendo recital, en mi pueblo, en una noche de agosto en la que en el auditorio municipal se vivió una incómoda situación, o al menos inesperada, para muchos fanáticos del genio.

Entrada del concierto de Camarón en Cieza.

Ante un recinto repleto de público llegado de toda la región y con muchas ganas de fiesta, aparecían los dos maestros sobre las tablas, cada uno por un lado del escenario. Hasta ese momento, no se habían visto antes del concierto, cada uno llegó por su cuenta. Camarón había estado hospedado en el balneario de Archena durante todo el día y lo trasladaron al auditorio justo antes del concierto, mientras que Tomatito vino directamente en coche, desde su casa hasta el lugar, también poco antes de comenzar el recital. Los recién «encontrados» se miraron, un saludo, un gesto cómplice… y «palante»

«…Pero no seguidme, eh«, decía el maestro. Y dicho, «y hecho»… Por los huevos de Nicolás.

Sucedía que mientras la estelar pareja, cantaor y tocaor, desde el minuto uno se entregaban y se empeñaban en dar una lección magistral de cante al respetable, y lo hicieron, la mayoría del público también se «entregaba», a su manera. Nada más empezar el Tomate, a «calentar los dedos», la gente ya empezaba a dar palmas a un ritmo «arrítmicamente endiablado» que dejaron un poco locos a los dos artistas. De hecho, no hay nada más que ver la cara y las muecas de ambos y el toque de atención del guitarrista al público, en uno de los vídeos en el que se ve el principio del concierto.

También se puede comprobar el impresionante ruido ambiental. Uno iba a asistir a un recital del cantaor más grande de todos los tiempos, una leyenda y mito viviente, y no se podía nada más que mostrar un mínimo de respeto en la escucha. Joder, yo iba a ver y escuchar cantar al Camarón. Pero cuando accedí al recinto no sabía si había entrado a un concierto o una grada de hinchas futboleros «picaos». Se jaleaban entre ellos, como para mostrar su camaronismo. Es como si gran parte del público tuviese su punto de interés en otro sitio que no fuesen las tablas del escenario. También había un montón de asistentes con sus hijas e hijos pequeños a los pies del escenario, para tenerlos lo más cerca de José y si era posible, tocarlo.

Y a todo esto, Camarón y Tomatito, en su galaxia de fandangos, tangos y bulerías, se elevaban por encima de todo ese paroxismo y dejaban abducidos a la otra parte del respetable asistente, la que no despegaba ninguno de sus sentidos de lo que emanaba de esos dos monstruos sentados en dos humildes sillas.

Camarón de La Isla y José Carlos, artífice del concierto en Cieza.

Y ete aquí la casualidad, que hace dos o tres días, mi amigo el Potro, recuperó una foto de aquel entonces, de Camarón con el organizador del concierto, José Carlos, que además ejerció de road manager de Camarón en algunas de sus últimas giras por el Levante peninsular. Inciso. José Carlos, fallecido hace unos pocos años, también tiene una buena historia (luces y sombras) y un muy merecido homenaje que recibir por todo lo que hizo a favor del rock y la música popular en la región de Murcia. Fin de inciso

Volviendo al recital de aquella noche, la actuación tuvo momentos verdaderamente mágicos y magistrales. Tanto que algún pasaje fue rescatado e incluido en el disco de recopilación y de inéditos (con documental incluido) «Reencuentros» (2008). Concretamente, que yo tenga conocimiento, el corte «La víbora rabiosa«, y las palabras que dirigió al público antes de empezar su actuación en Cieza.

Y fue una de las veces hablando con José Carlos muy poco antes de que nos dejara, como me enteré de algunas anecdotillas de sus vivencias con el mito flamenco (a mí como mitómano-urraca me molaba preguntarle por anécdotas y como hacía las cosas para mover hasta aquí a tanto grupo y artista). Me contó que después de su concierto en la capital murciana, el genio de La Isla, se mostró un poco taciturno y hasta contrariado. Al parecer, el propio Camarón, en un rato de asueto comentaba a José Carlos que estaba un poco harto o sobrepasado, de tener que arrastrar cada noche la incertidumbre de que iba a pasar en cada actuación, de la locura que sobrecogía al público sobre su persona. José Carlos pensaba que, encima, eso era mucho para una persona como José, un hombre familiar, tímido, y de costumbres sencillas. Creo, o me da esa impresión, que ese aura de salvador o semidiós con que el pueblo gitano ungía a Camarón, esa locura por estar lo más cerca de él (en Cieza, las familias intentaban que sus hijos pequeños lo tocasen o fuesen tocados por él, como si fuese el Mesías), pesaba mucho en su persona, en su humildad y sencillez.

Seguro que la actuación en Murcia tuvo algo que ver con este pensamiento que en un ratico de tranquilidad verbalizó el de San Fernando. Unas pocas semanas después de lo de Cieza, Camarón repitió en la región, creo que fue en la feria de septiembre de la capital, Murcia, pero esta vez no asistí, eran caros esos conciertos. El ambiente en torno al concierto estaba «enrarecido» ya unos días antes. Y lo cierto es que durante la actuación se sucedieron algunos altercados y hechos «truculentos» entre el asistente, con un amplio muestrario de armas blancas (se comentó en la presa local que se vio hasta algún hacha en medio de los tumultos), a tal punto que el propio Camarón, agriado, tuvo que pedir calma y un poco de cabeza, y amenazó con irse si seguían empeñados en continuar la refriega.

Fuente de la imagen: La Opinión de Murcia.

Supongo que todos estos hechos y sensaciones contrariadas producidas ante su presencia, era lo que hacía huir a Camarón de ese halo olímpico calé. . Como dice en su canción que abre el concierto de Cieza, «que alegría de ser gitano». Sí, Camarón se sentía gitano, pero no por ello, especial. Solo quería ser un hombre libre.

Gracias a #CamaronerodelaIsla #RafaCamaron y #mairenadelgastor por compartir estos vídeos.

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